La Vigilia Films

Análisis · 5 min

El detalle que da igual

La indiferencia de Howard Hawks no era desinterés: era una forma de entender el cine.

Hay muchas cosas que se dicen de Howard Hawks.

Pero hay una cosa que lo hace diferente a todos los demás y que no se comenta demasiado.

Y me di cuenta el otro día, leyendo

¿QUIÉN DIABLOS LA HIZO?

De Peter Bogdanovich. Una compilación de entrevistas a directores como Otto Preminger, Von Sternberg, Hitchcock, Fritz Lang...

Y Howard Hawks, a quien le dedica la entrevista más larga (de largo).

No es casualidad. Bogdanovich admiraba tanto a Howard Hawks que su primera película fue un remake de La fiera de mi niña.

Pero aunque fue un magnífico director, no llegó a ser Howard Hawks.

Hay muchas cosas que hacen inalcanzable a Hawks para cualquier director que simplemente sea magnífico. Pero vamos a hablar de una en concreto.

Bogdanovich nunca consiguió que le diera igual.

Yo me di cuenta de esto leyendo lo que opinaba de algunas de sus películas. De las malas.

Si lo era, lo decía: Esta me quedó mal... la idea era una porquería...

Así, como si le diera igual.

Que te de igual no quiere decir no hacerlo en serio.

Bueno sí. Igual el término no es ese.

Creo que la expresión adecuada la podemos encontrar en una película:

SOLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS

Cuando Howard Hawks hizo esta película, llevaba bastante tiempo sin un éxito. Necesitaba uno para poder seguir haciendo películas.

La solución fácil en el Hollywood de los géneros habría sido coger uno con el que ya había triunfado anteriormente. Pero como a él le daba igual hizo algo muy poco común en la época.

Poner el género al servicio de las relaciones entre personajes.

El resultado es una aventura aérea, un drama romántico y un musical. Todo en la misma película.

La acción la sitúa en un poblacho al que solo llegas siendo miserable, una naturaleza inclemente y unos aviones que se caen a trozos. Todo muy agradable.

Ahora, vamos a compararla con Sorcerer.

En Sorcerer la gente acaba muerta o loca, o las dos; todo se exterioriza. En Solo los ángeles tienen alas, el personaje de Cary Grant da la impresión de poder con todo: la muerte de un compañero, el regreso del amor frustrado...

Eso me lleva a la otra diferencia. En la película de Friedkin, ninguno de los 4 daría la vida por nadie. En Solo los ángeles tienen alas, los tres pilotos se sacrifican por el grupo en varias ocasiones.

Nadie empatiza con los personajes de Sorcerer, aunque te muestren todo lo que piensan, hay una distancia con el espectador que hace que lo vea distinto a ellos. En Solo los ángeles tienen alas nadie dice cómo se siente realmente.

Pero sabemos por qué no lo dicen: por el grupo. Y por eso empatizamos.

Por eso, la escena en la que Cary Grant llora al final tiene tanta fuerza.

Porque el sentimiento sigue ahí, pero se aguanta por la verdadera historia de amor de la película: la de los amigos.

Aunque no esté ahí, el sentimiento existe.

Y quizás hoy en día, por hacer algo diferente, se podría probar a ocultar el sentimiento en vez de tener a gente que explota al final de cada película y que le explica al espectador exactamente cómo se siente.

A Howard Hawks le costaba levantar las películas tanto como a cualquier otro.

E hizo algo arriesgado.

Y durante los 10 años siguientes encadenó 8 obras maestras.

Uno podría decir que esta actitud de indiferencia ante lo que hace es un mecanismo de defensa.

Puede ser.

Pero el resultado es un cine que asume que no tiene que dar lecciones. Cuya única finalidad es entretener.

En la mente de Howard Hawks sería algo así: si esta película no es un éxito es que no entretiene; y si no entretienes no vales para esto.

Por supuesto, estamos hablando del director que mejor ha conocido al público en la historia del cine.

No es que te importe una mierda. Si te importa una mierda no haces Rio Bravo.

Es entender que solo es cine.

Solo los ángeles tienen alas – Howard Hawks (1939)